La inteligencia espiritual
Colaboración de Eva M. Schneider   

Hemos escuchado hablar de inteligencia referida específicamente al intelecto, con sus muy difundidos tests para determinar el cociente intelectual; también escuchamos hablar de inteligencia emocional, destacando otro aspecto de la personalidad. Hoy en día la ciencia está reconociendo un tercer tipo de inteligencia con implicancias más profundas en la vida de una persona: la inteligencia espiritual.

El siguiente texto es un extracto del artículo "Tipos de Inteligencia" del Brahmachari Isharupachaitanya, publicado en el Prabuddha Bharata de agosto de 2009.

Hacia fines del siglo XX surgió una serie de datos científicos que probaron la existencia de una tercera clase de inteligencia, la espiritual [además de los dos tipos de inteligencia conocidos, la intelectual y la emocional].  Al incluir la inteligencia espiritual, que de ahora en adelante llamaremos IESP, se pudo lograr un panorama más amplio de lo que constituye la inteligencia humana. Por IESP entendemos aquella clase de inteligencia que nos permite abordar y resolver problemas de significado y valor, y ubicar nuestra vida y nuestras acciones en una perspectiva más amplia, más rica y más significativa. Ésta es la clase de inteligencia que nos permite hallar cursos de acción más importantes. Los 'fanáticos' de la IESP llegan incluso a decir que esta inteligencia es la base necesaria para que puedan funcionar correctamente tanto la inteligencia intelectual como la emocional.

La inteligencia espiritual es la "capacidad de concientizarnos acerca del mundo y de nuestro lugar en él."

Tony Buzan, el creador del concepto de la IESP, en su libro "El poder de la Inteligencia Espiritual", la describe como la capacidad de concientizarnos acerca del mundo y de nuestro lugar en él. En cuanto a su funcionamiento, se la describe como la habilidad de comportarse con compasión y sabiduría al tiempo que se conserva la paz interior y exterior y la ecuanimidad independientemente de las circunstancias. No es solamente sentir simpatía por los demás. Esto es relativamente fácil de lograr cuando estamos solos en oración o en meditación. La IESP tiene que ver con cómo nos comportamos, cómo realmente tomamos decisiones y actuamos, en medio del estresante mundo cotidiano en el que debemos interactuar con gente y situaciones difíciles. Aunque la percepción interna es importante, también es fundamental que pueda ser llevada a la acción. La gente con un alto coeficiente de IESP se comporta con compasión y sabiduría. Como la sabiduría es el estado más elevado del intelecto y la compasión el más elevado estado emocional, el comportamiento resultante de una combinación tan altamente desarrollada de cabeza y corazón manifiesta la habilidad de interactuar con éxito tanto a nivel personal como a nivel social. La IESP se relaciona con los niveles más altos del desarrollo humano.

Para poder mantener la paz interior y exterior necesitamos poseer un calmo desapego a los resultados de nuestros actos, a la par que actuamos con apasionada convicción. Esto sólo es posible para personas que poseen un alto coeficiente de IESP. La sabiduría nos provee  la necesaria distancia que se requiere para poder siempre mantener una perspectiva clara de las cosas, mientras la conexión con lo trascendental capacita a las personas con un alto nivel de IESP para no dejarse desequilibrar emocionalmente con los sufrimientos e injusticias naturales del mundo.

El consejo de la Santa Madre:
❝Te diré una cosa: si quieres la paz, no veas las faltas en los demás. En su lugar ve tus propias faltas. Aprende a hacer de todo el mundo algo muy propio. Nadie es un extraño, hija mía; todo el mundo es tuyo.❞

Sólo aquellos que tienen su mente en paz pueden actuar con fortaleza. A las personas con alta IESP no les falta energía. Por el contrario, su eficiencia va en aumento ya que no activan su sistema límbico, sede de nuestras emociones, por medio de la emoción del miedo mientras están haciendo frente a una situación estresante. La disminución del estrés, el aumento de la flexibilidad y la disponibilidad de mayor energía para enfrentar eficientemente cualquier situación son algunos de los beneficios adicionales de lograr este estado de calma interior. La gente que exteriormente parece calma pero tiene tormentas emocionales en su interior pronto queda exhausta y consumida. Es una ventaja real poseer la habilidad de mantener la ecuanimidad interior en un mundo y en un lugar de trabajo intensos y cargados de conflictos. El resultado de este estado mental será que tomaremos más decisiones de buena calidad y crecerá nuestra habilidad para actuar.

La diferencia entre la inteligencia emocional y la IESP reside principalmente en el poder de transformación. La inteligencia emocional nos permite juzgar en qué situación nos encontramos y luego comportarnos adecuadamente dentro de esa situación. Esto es trabajar dentro de los límites de la situación, permitiéndole a ella que nos guíe. Pero la IESP nos permite comenzar preguntándonos, en primer lugar, si queremos estar en esa situación particular. ¿O preferiríamos más bien cambiar la situación creando otra mejor? Esto es trabajar sobre los límites de la situación, permitirnos a nosotros mismos guiarla.

Según Danah Zohar y Ian Marshall, "El tema que más ocupa a la gente hoy en día es el significado. Muchos escritores destacan que la principal crisis de nuestros tiempos es la necesidad de hallar un sentido más importante. Mucha gente ha logrado un nivel sin precedentes en el campo del bienestar material, sin embargo sienten que desean más. Muchos hablan del vacío que sienten. Ese  "más"  que supuestamente podría llenar aquel vacío rara vez tiene algo que ver con la religión formal. Para algunas personas la IESP puede llegar a manifestarse a través de la religión formal, pero ser religioso no es de ningún modo una garantía de que uno posea un alto coeficiente de IESP."

A diferencia de la inteligencia intelectual, que es lineal, lógica y racional, la IESP no puede ser cuantificada. Las preguntas, los temas que conforman los tests de IESP son simplemente ejercicios de reflejos. Los sujetos deben examinar varios símbolos que definen su IESP.

Entre los indicios de una IESP altamente desarrollada se incluyen:

  1. La capacidad de ser flexible, de poder adaptarse en forma activa y espontánea,
  2. un alto grado de conciencia de si mismo,
  3. la capacidad de enfrentar al sufrimiento y sacarle provecho,
  4. la capacidad de enfrentar al dolor y trascenderlo,
  5. la capacidad de dejarse inspirar por la visión y los valores,
  6. reticencia a causar daño innecesario,
  7. una tendencia a ver las conexiones que existen entre diversos hechos (mentalidad holística),
  8. una fuerte tendencia a preguntar ¿por qué? y ¿qué pasaría si...? y buscar respuestas fundamentales,
  9. ser lo que los psicólogos llaman 'independiente de las circunstancias', o sea poseer la capacidad de trabajar en contra de las convenciones,
  10. responsabilizarse de aportar a los demás su propia visión elevada y sus valores, en una palabra ser una persona que inspira a otros.

Al comienzo de la década del 90 el neuropsicólogo Michael Persinger, y en 1997 el neurólogo V.S. Ramachandran y su equipo en la Universidad de California desarrollaron investigaciones sobre la posible existencia de un 'centro de Dios' en el cerebro humano. Informan que este centro espiritual está localizado en medio de conexiones neurológicas en los lóbulos temporales del cerebro. Estas áreas se iluminan en los escaneadores PET cada vez que los sujetos se ven expuestos a conversaciones sobre temas religiosos o espirituales. Los temas que producen este estímulo varían según las diferentes culturas. Así los occidentales responden a la mención de 'Dios', los budistas y otros responden a símbolos que son significativos para ellos. Esta actividad de los lóbulos temporales también ha sido relacionada con visiones místicas. La investigación de Ramachandran es la primera en demostrar que este centro está activo también en personas normales. El 'centro de Dios' no prueba la existencia de Dios pero prueba que el cerebro ha evolucionado lo suficiente como para formular 'preguntas últimas' y para poseer y utilizar una sensibilidad que le permite captar sentidos y valores más amplios. Estos investigadores llegaron a la conclusión de que puede haber mecanismos neurológicos relacionados con la religión en los lóbulos temporales de personas completamente normales. Podría ser que el fenómeno de la fe religiosa estuviera montado, 'cableado' por así decir, en el cerebro.

En la década del 90 el trabajo sobre 'el problema de los lazos' del neurólogo austríaco Wolf Singer muestra que en el cerebro existe un proceso nervioso que consiste en unificar y darle un sentido a nuestra experiencia, un proceso neurológico que literalmente liga entre si a nuestras experiencias. Con anterioridad al trabajo de Singer sobre 'oscilaciones nerviosas coincidentes y unificadoras' que tienen lugar a través de todo el cerebro, los neurólogos y estudiosos de los procesos cognitivos conocían sólo dos formas de organización neurológica cerebral, las conexiones neurológicas seriales y las conexiones neurológicas asociativas. Las computadoras que poseen procesadores seriales y paralelos son capaces de ejecutar los dos tipos de funciones que cumplen aquellos dos tipos de conexiones neurológicas. Pero no pueden operar con 'significados' ni formular preguntas como ¿por qué? El trabajo de Singer sobre las 'oscilaciones nerviosas coincidentes y unificadoras' ofrece el primer indicio sobre un tercer aspecto del pensamiento, el 'pensamiento armonioso', y un tercer tipo de inteligencia que lo acompaña, la IESP, que puede tratar con estas cuestiones.

Terrance Deacon, neurólogo de Harvard y antropólogo especializado en biología, escribió en 1997 su obra neurobiológica sobre lenguaje y representación simbólica titulada "Las especies simbólicas". En ella demuestra que literalmente hemos utilizado la IESP para desarrollar nuestros cerebros. La IESP nos proveyó los elementos necesarios para llegar a ser las personas que somos y nos da el potencial para proveernos de nuevos elementos para el crecimiento y la transformación, para la futura evolución de nuestro potencial humano. Usamos la IESP para ser creativos, para resolver nuestros problemas existenciales, problemas que nos hacen sentir golpeados, atrapados por nuestros propios hábitos del pasado o neurosis o enfermedades o penas, para volvernos espiritualmente más inteligentes acerca de la religión, para trascender la brecha  entre nosotros mismos y los demás. A cada momento la IESP es nuestra brújula. Después de todos estos estudios es natural que nos preguntemos:  ¿Podemos mejorar nuestra IESP?

Zohar propone siete pasos prácticos para cultivar nuestra IESP:

  1. Tomar conciencia de nuestra propia posición.
  2. Sentir intensamente la necesidad de un cambio interior.
  3. Reflexionar sobre nuestro propio centro y nuestras motivaciones más profundas.
  4. Descubrir obstáculos y resolverlos.
  5. Explorar muchas posibilidades para avanzar.
  6. Comprometernos con un sendero.
  7. Tener siempre presente que existen muchos senderos.

Las tres variedades básicas de inteligencia trabajan juntas, se sostienen entre si. Nuestros cerebros están diseñados para permitir eso. Cada uno de estos tipos de inteligencia tiene su propia área de fuerza y puede trabajar independientemente. Por eso no es indispensable que tengamos simultáneamente un alto grado de desarrollo de las tres. Pero como la IESP opera desde las funciones neurológicas unificadoras del cerebro, tiene la capacidad de integrar todos nuestros mecanismos de inteligencia. El concepto de inteligencia humana ya no puede quedar limitado a la antigua inteligencia intelectual. Las nociones sobre inteligencia que varían sin cesar necesitan un cambio de paradigma. Esto significa reemplazar una vieja manera de pensar por otra radicalmente diferente. La falsa noción de igualar a la inteligencia en si con inteligencia intelectual está sufriendo un cambio: está incluyendo a la inteligencia emocional y a la espiritual. De este modo se completa la imagen todoabarcante de la inteligencia humana. Éste es un cambio de paradigma importantísimo en el terreno de la inteligencia humana.